Loading... (0%)
Slide background

"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro"

Emily Dickinson

Slide background

"Ser librero es estar enamorado de por vida"

Saramago

Slide background

"Que otros se jacten de las páginas que han escrito;

a mí me enorgullecen las que he leído"

Borges

Últimas noticias

10 LIBROS PARA ESTE VERANO.

31 julio 2016

Oigan que nos vamos de vacaciones. Muchos de vosotros, probablemente, ya estáis volviendo. Si os ha dado tiempo de leer, seguid haciéndolo. Si os marcháis en los próximos días, coged algún libro entre vuestras manos.  Aquí nos atrevemos a recomendaros unos cuantos. Que por nosotros no quede que no sepáis qué leer… 1.- Para los…

NOS VAMOS AL CINE….

30 mayo 2016

Nos gusta el cine, pero mucho más, nos gusta ir al cine.  Y nos gustan las iniciativas nuevas, pero mucho más,  la gente arriesgada y que se implica por pasión. Así que cuando hace unas semanas conocimos a los chicos de Filmadrid, nos contaron su proyecto con tanto entusiasmo, y hablamos de la posibilidad de…

La Tienda de las Palabras

Lo que hacemos

casita280x120

UNA LIBRERÍA AMBULANTE
Salimos a buscarte.

Nos movemos a lugares donde podamos encontrarte. Salimos en busca de nuevos espacios donde los libros tengan cabida, es decir…en casi todos.

Leer más
actividades.280x120

EVENTOS CON PALABRAS
Esto va de divertirnos.

Porque una librería es mucho más que un lugar donde comprar libros. Una librería es un lugar donde pasan cosas, donde las palabras te piden cita para divertirse

Leer más
librera280x120

TU CYBER_LIBRERA PERSONAL
Dame pistas y encontraremos tu libro.

A ti que no tienes tiempo de ir a una librería y entablar una conversación con el librero para que te aconseje qué leer, puede interesarte esta sección.

Recomiéndame!

Qué leer

Nuestros Libros Favoritos

portfolio-thumb-3

Sarinagara

Sarinagara significa Y Sin Embargo en japonés. Así acaba uno de los poemas más famosos de Kobayashi Issa. A raíz de la historia del poeta, de la de Soseki, inventor de la novela japonesa, y de la de Yamahata, primer fotógrafo en captar los muertos de Kagasaki, el autor, Philippe Forest, busca entender sus propios…

portfolio-thumb-3

Autorretrato con Radiador.

Un diario. Un año de vida a partir de la muerte de su esposa. El autor, Christian Bobin, a través de los pequeños detalles y lo cotidiano nos transmite, con alta sensibilidad y delicadeza, un forma de observar y sentir diferente, y reveladora. (Más sobre el libro en este post nuestro: http://www.latiendadelaspalabras.com/autorretrato-con-radiador/) Autor: Christian Bobin…

portfolio-thumb-3

Alguien dice tu nombre

El poeta Luis García Montero nos presenta en esta novela a un joven estudiante que, trabajando en unas prácticas de verano en una editorial, se enamora de una compañera mucho mayor. La novela, escrita con una prosa lírica nos permite reflexionar sobre los recuerdos, y momentos vitales. Sobre el amor y el despertar de los…

portfolio-thumb-3

La mujer loca

Nos hemos acabado hace unos días este libro, que es loco, loco. Por los personajes pintorescos, por ese Millás que aparece como personaje y como narrador, traspapelándonos la ficción con la realidad. Hemos sonreído con el ingenio del autor, con la agudeza de los diálogos, con las ocurrencias de Julia, una pescatera que investiga sobre…

La Tienda de las Palabras

Nuestro nombre

Hace un tiempo leí este cuento. Me explicó la autora que estaba inspirado en una obra de teatro, La Lengua Madre, protagoniza por Juan Diego y escrita por Juan José Millás. Desde ese día decidí que mi proyecto librero, en el formato que se creara, tendría ese nombre.

La Tienda de las Palabras

Por Mª Eugenia

Nadie supo cómo llegó. Amanecimos una de esas mañanas en las que el sol se atreve a decir poco y el viento frío entona una música grave. Allí estaba, adueñándose de la esquina. El rótulo lucía en color ocre, con letras refinadas en bermellón, sin logotipo, simplemente un nombre: La Tienda de las Palabras.

Yo solía pasar por ese cruce para dirigirme al trabajo, así que me sorprendió ver unos cuantos vecinos del barrio inmovilizados delante del escaparate, dubitativos, debatiendo acerca del sentido de la nueva tienda de cuya llegada  nadie se había percatado. Me hice un hueco. Palabras expuestas en bloques sobre el suelo, escritas con diferentes colores y tipografías, en tamaños diversos, algunas quedaban suspendidas del techo, girando como si tuvieran ritmoHarmonía. Serendipity. Idiosincrasia. Valentía. Gentileza. Bienvenidos. Al lado de ellas, un precio que oscilaba entre cincuenta céntimos y dos euros. Intrigado por la curiosidad, pero de forma casi automática, me vi cruzando la puerta, adentrándome en ese otro mundo que hoy, años más tarde, todavía echo de menos.

Olía a azahar. Oteé de forma rápida el espacio, cestas de mimbre agrupaban montones de palabras, otras desfilaban en las estanterías. Las clasificaciones eran varias, sustantivos, pronombres, verbos, adjetivos. Positivas, tristes, incisivas.

Ella estaba allí, acabando de colocar Amor al lado de Riesgo. Llevaba el pelo recogido en una cola alta, solía peinarlo de ese modo durante las jornadas laborales. Alzó la vista de forma elegante, así era ella, distinguida en cada uno de sus movimientos. Unos inteligentes ojos oscuros buscaron los míos. Sonrió. “Hola, ¿qué tal?”. Le devolví la sonrisa, pero pasaron unos segundos hasta que fui capaz de contestar, tal vez fruto de mi timidez, tal vez fruto de prever que ese momento iba a tener un significado. Dije por fin otro Hola, y ella supo, como siempre luego,  ponérmelo fácil. “¿Te gusta? ¿Qué te parece?”. Le contesté que no entendía muy bien de qué se trataba. “¿Vendes palabras?”. Asintió con la cabeza, esbozando de nuevo una sonrisa. “Curioso, ¿verdad?”. “Pues la verdad es que sí. ¿Y para qué?”. “¿Necesitamos siempre una razón para hacer algo?”. Volví a quedarme callado, me acerqué hasta una de las cajas que ponía saldo. Allí aparecían Crisis, Paro, Desahucios, Guerra. “No sé, tal vez no…”

Los vecinos seguían agrupados delante del escaparate, esperando poderme preguntar. Fueron más de treinta minutos los que estuve dentro ese primer día. Se llamaba Jimena, y me contó que se había instalado en una de las casas cerca del río. Poco más. Hoy todavía no sé de dónde era, ni qué había hecho antes. Quedamos en que volvería a pasarme pronto y le deseé suerte. “Antes de irme quiero inaugurar la tienda, así que me voy a llevar una, ¿te parece?”. “Será un honor”.  Escogí Sueño, a un euro. “Bonita palabra, te conducirá a otras.” Me la envolvió en papel gris, que recogió con un lazo bermellón.  Dijo un gracias dulce, un gracias que oigo aún de vez en cuando.  Bajó la cabeza y volvió a concentrarse.

tumblr_mhl20fNF9D1s2svlyo1_1280
Expliqué de forma breve a los vecinos lo que había visto y les impulsé a entrar. Pasaron los días y poco a poco La Tienda de las Palabras se convirtió en el punto de encuentro del pueblo. La gente se acostumbró a acudir una vez por semana para llevarse una palabra, los más curiosos incluso husmeaban a diario a ver qué novedades había, rebuscaban para conseguir esdrújulas, que decían que tenían música, o para encontrar aquella que pudieran regalar expresando un sentimiento, o simplemente, escogían una desconocida que les hacía sentirse más sabios.  Jimena cambiaba de forma constante la ubicación de los términos, así que para los visitantes acechaba una sorpresa en cada visita.

Yo, sin ser consciente, cogí el hábito de pasar cada día al volver del trabajo. Me gustaba hablar con ella, preguntarle sobre los significados de algunas, o el porqué de sus colocaciones. A veces, incluso decidíamos juntos cuáles tenían sentido que fueran en el mismo cesto. “¿Honestidad con Dolor?”. “A veces duele, ¿no crees?”. Asentí con la cabeza, y por azar alcé Compromiso. “¿Dónde coloco ésta? Se dio la vuelta de forma rápida, decidió que era tarde, y poniéndose el foulard de forma apresurada insistió. “Vámonos. Son casi las nueve”.

Caminamos juntos, solíamos hacerlo de vez en cuando. Esa noche, durante un rato largo, avanzamos oyendo sólo nuestras respiraciones y el crujir de las hojas. Fui yo el primero en hablar. “¿Quieres que nos sentemos un rato?”. El cielo estaba punteado de pequeñas luces y jugamos a buscar la que rasgara la noche. “Ya sabes, un deseo si vemos una fugaz”. No hubo ninguna, pero pasamos horas contemplando ese universo que permaneció estático para nosotros.  Nos reímos buscando sinónimos y antónimos, recordando anécdotas de los vecinos en la tienda, de vez en cuando me quedaba fijamente mirando su sonrisa, y ella sin dejarla, con un tono divertido, inquiría “¿qué?”. De repente encogió sus hombros. “Ten, tápate con este jersey. Acércate”. La rodeé por la espalda, me impregné de ese aroma suave, le deshice con cuidado la coleta y le desbarajusté el pelo. Me aproximé lo suficiente como para oír el eco de sus palpitaciones, me aproximé lo suficiente para acercar mi cara hasta rozar su mejilla, me aproximé lo suficiente para guardar sus manos entre las mías, apretando fuerte.

La mañana siguiente amaneció gélida, de nuevo el sol luchaba con las nubes para encontrar su sitio. Al acercarme a la esquina observé un tumulto que hablaba en voz alta. Me colé entre ellos. El escaparate estaba vacío. Había desaparecido el rótulo. No estaba la tienda. No estaba ella. Tan solo, en el techo, una palabra permanecía suspendida.